Amor, creí que tu nube no traía lluvia.

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Amor, creí que tu nube no traía lluvia.

Mensaje por LM07 el Mar Oct 22, 2013 12:15 am

Empezábamos ha echarnos de menos de formas diferentes.

Llegó el momento en el que deje de engañarme y ver las cosas como realmente eran.

Ya no era el mismo. No se moría de ganas por hablar conmigo. Me hablaba diferente. No se. Algo cambio. No puedo definir el que exactamente, porque todo ocurrió muy rápido.
Nunca le prohibi nada.
Nunca le puse limites, me limite a CONFIAR, pero, no pude con tantos cambios.

Algo acabaría con nuestra historia. Serían los celos, el cambio de sentimientos, el desgaste.

Y me fallo. No se cansaba de fallarme y de pedirme perdón día tras día .
Me falto al respeto, y más tarde el tiempo me dio la razón mientras la gente me la quitaba.

Se convirtió en todo lo que yo fui anteriormente.

Y yo me siento morir. Siento que me desmayo. Que desaparezco. Que me disuelvo en el viento. Permanezco así, muda, con la boca abierta y el corazón despedazado. Aniquilada. Es como sí el cielo se hubiese teñido de negro de repente, el sol hubiera desaparecido, los árboles hubiesen perdido sus hojas en pleno verano y alguien hubiera pintado las casas de gris. Oscuridad. Oscuridad absoluta.
Como puedo, trato de recuperar el aliento. En vano. Me falta el aire. No logró respirar. Me siento desfallecer, la cabeza me da vueltas, se me empaña la vista. Apoyo las manos en mi mejor amigo, para sentirme sobre tierra firme.
Todavía viva.

Me habría bastado eso para entender, para marcharme, para evitar esa escena, ese dolor inmenso que jamás podré olvidar. Sin embargo, hay ocasiones en que no ves. No ves las cosas que tienes delante cuando lo único que buscas es la felicidad. Una felicidad que te ofusca, que te distrae, una felicidad que te absorbe como una esponja. No las ves. Sólo ves lo que quieres ver, lo que necesitas, lo que te sirve.
Y me quedo sentada en ese banco como si fuese una estatua, una de esas que hacen de vez en cuando para recordar algo. Sí. Mi primera auténtica desilusión, la mayor de todas.
Nuestra promesa,
Nuestro juramento,
Nada nos separará nunca..
Jura que no nos separaremos jamás.

Hoy no.
Hoy no quiero ser buena.

Y mientras camino recuerdo sus besos, aquella tarde en su campo cuando me enseñaba a disparar con una escopeta, los días que me llevó al médico cuando estaba mala o me dolía algo, las tardes de tenis, los besos en la piscina, recuerdo cuando le enseñe a posar delante de la cámara. Y rompo a llorar. En silencio. Siento que las lágrimas se deslizan por mis mejillas, lentas, inexorables, una detrás de otra, sin que yo pueda hacer nada para detenerlas. Resbalan dejando líneas negras sobre el maquillaje que cubre mi cara, expresando mi dolor. Me las enjugo con el dorso de la mano y sollozo sin dejar de caminar. No consigo detener el pecho, que sube y baja ruidoso, distraído, impreciso, desahogando todo el dolor que experimento. Enorme.
Inmenso. No es posible. No me lo puedo creer.

«Gracias por curarme esta estúpida obsesión enfermiza por el amor»


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